Oso payaso

El pequeño oso payaso

Desde su jaula, el mundo era un eco de carcajadas. alegría y una burla cruel.

Sumergido en un dulce olor como buen veneno, como risas con alevosía irónica.

Su hogar de madera colorida y vibrante, refleja positividad desde la distancia, salvo por los barrotes gruesos que lo obligan a ser obediente con una positividad respetuosa.

El pequeño no conoció a nadie realmente, solo miró a otros fingiendo jugar con ellos.

Sumado a esto el pequeño cantaba y bailaba pero al momento de la verdad, solo iba a estar.

Soy feliz y mi felicidad hace felices a los demás.

Cruel pensamiento que se metió en la cabeza el pequeño oso.

Soy bueno si hago lo que piden los demás.

Cruel ideal que lo obligaba a obedecer el pequeño osezno.

La cadena de su pata fue cambiada, a medida que crecía, pero siempre apretada. Nunca estuvo suelta.

Ante las mentiras era tierno pero para la triste verdad todos lo veían como lamentable.

Sin darse cuenta un remolino de voces a su alrededor.

Todos opinaban como si fueran un coro angelical cantando las más dulces y poéticas sartas de crueles palabras.

Al pequeño le costó hablar, sus palabras fueron más toscas que la primera vez que celebraron.

A medida que pasó el tiempo el pequeño no mejoraba y sus palabras eran un recordatorio a su ineptitud.

Sus intentos de hablar, eran ruidos incomprensibles de una bestia que no podía formar palabras, se convertían en trabalenguas que nadie se molestaba en descifrar.

El tiempo era escaso para cuidar a la cría y está no aprendía como un osezno normal.

El primer domador que cuidaba de pequeños animales y payasos lo aceptaba.

El domador se jactaba, todo prosperaba pero un error de su logro era notorio.

El pequeño oso jugaba y compartía, en desagradables balbuceos.

Su felicidad era un clavo oxidado en su orgullo inmaculado.

Fue así que ideó un plan, al ser un especialista con honores, este siempre tenía razón.

Nada de comida, nada de atención para este oso.

El pequeño oso entendía que irá inútil y una molestia.

Le daban una tarea simple, hablar. Hablar como un payaso, pero el oso solo era un pequeño oso payaso, inútil.

Ante esa tarea nunca hablo bien.

Este no sería bien recibido por nadie hasta que sus fallas se solucionarán por sí solo.

El veredicto fue aplicado, el pequeño oso vio como todos se divertían y compartían, pero él estaba aislado, todo por su culpa.

Al igual que con un leproso, este era alejado.

Cuando no podía hablar para ser acompañado, se ensuciaba. Cuando no hablaba para pedir las cosas, se caía. 

Se dio cuenta de que su acto no era ternura, sino una tragedia disfrazada de comedia. un oso anormal.

El carnaval de desdichas no quedó ahí, se esforzaron en que alguien le enseñará a hablar, si bien aprecia un acto lindo de los osos, sus esfuerzos para que el osito hablara fueran acompañados con rugidos inclementes.

Por no poder hablar el pequeño oso pasaba hambre, como también llegó a orinar su pequeño pantalón.

El pequeño oso cada vez que fallaba se sentía culpable.

Cada fallo era un recordatorio que seguía clavándose.

Su mente se arremolinaba en una cruel expresión burlesca que deseaba atraparlo.

Es por mi culpa que los osos sufren por mi, no soy un buen oso.

Su cabecita hueca se llenaba de palabras crueles.
Con miedo y la inclemencia de la naturaleza de cemento, el pequeño entendió mucho.

El oso lloraba y tenía pesadillas de noche, pero se dio cuenta que a los osos no les gustaba ser despertados.

El osito con una almohada se ahogaba las penas y con sábanas atenuaba el miedo.

Era ahí que las sombras lo odiaban, donde sus ojos independientes de estar abiertos o cerrados mostraban las hormigas furiosas.

Su jaula, antes un refugio, se fue convirtiendo en una trampa de cristal donde se veía reflejado cada fallo suyo. 

El pequeño se miró y comprendió que pese a las bromas, era algo fugaz.

Aún así el oso trataba de sonreír, solitario y como los demás.

El pequeño oso de su voz se avergonzó.
Cuando entró al colegio de payasos, su suerte no cambió.

El emocionado y confundido se acercó pero los niños no veían al oso.

El pequeño oso era grande en comparación de los pequeños.

Era en una clase de matemáticas que ocurrió el primer acto, este que no estaba preparado.
En clases este domador sumas mostraba, cómo ser un buen bufón debían ser.

—Cuanto es dos más seis.

Era una respuesta fácil, por lo que apuntaron al oso que se esforzaba en escribir. A lo que al ser llamado se paró y pensó.

El pequeño tomó aire para avivar su confianza y pronunció sus palabras con confianza.

—Oso.

La respuesta que salió y siguió saliendo del pequeño oso fue oso.

Todos lo miraron, confundidos sobre todo el que fue consumido por el terror.

La palabra ocho no salió, en cambio salió oso, su lengua le falló, al igual que el fallo al resto.

Este pequeño oso se esforzó en decirlo, una y otra vez pero solo podía decir oso lo que provocaba que las risas de los payasos retumbaban en la habitación.

Las emociones lo abandonaron como su fuerza para huir o hacer algo, volviéndose un cascarón con forma de oso.

El pequeño oso payaso solo pudo sonreír.
Pero sin darse cuenta en ese momento, su sonrisa comenzaba a pesar.

El pequeño oso se mantenía esperanzado e ingenuo, viviendo su vida al día sin comprender la mayoría de las cosas.

Comprendió que no tenía amigos, que esas risas no eran una señal de afecto.

Un día, vio a un grupo de animales y payasos, hasta que su mirada se detuvo en un grupo variado.

No se sentía un pequeño oso de la forma en que los demás lo eran.

El pequeño oso se afligió.

Sabía que hacer amigos era común, por lo que le produjo angustia que para él fuera difícil.

— ¿Qué te ocurre, pequeño oso? 

Preguntaron los fenómenos con comprensión, manteniéndose a una distancia prudente.

—No deberías estar aquí, y menos solo.

El oso explicó que trataba de hacer feliz a los demás, pero que por su culpa nadie era feliz. 

Cometía muchos errores. El pequeño oso no entendía, pero asentía con timidez.

Poco a poco, trató de unirse a ellos. Escuchó sus historias, los cuentos que se contaban entre sí, y río cuando ellos reían.

Sin embargo los payasos pequeños lo encontraron, no les interesaba que estuviera con ellos. Pero no podía estar sin ellos.

Ingenuamente, el pequeño oso les hizo caso y se fue con los payasos, dejando a los fenómenos disgustados.

La vida continuó, desenvolviéndose con frialdad para el pequeño oso en cierta forma se había convertido en un objeto de risas, un entretenimiento. solo, para que él trabaje en su lugar.

Triste, el pequeño oso solo podía jugar con sus juguetes en soledad.

En los juegos, siempre era el último. En las escondidas, se olvidaban de él. En las clases, se quedó solo, apartado de los payasos.

Tuvo percances con un fenómeno que llegó al curso de payasos.

Ese fenómeno no era querido y cuando molesto al pequeño oso este lloró, si bien lo defendieron los payasos. Las palabras de los payasos también hirieron al oso.

El pequeño oso lo sabía, era un fenómeno malo como ese que le hizo mal. Pues por no hablar y hacer las cosas no pudo hacer las cosas bien.

En todo el año los papás osos estaban a su ritmo, mamá osa siempre pedía que el pequeño oso limpiará pero se enojaba porque el pequeño oso limpiará.

El pequeño oso pese a limpiar muchas veces, este no lo hacía como se debía hacer.

Papá oso siempre dormía, siempre cansado. cualquier tipo de interacción no era bien vista.

Papá oso lo mandaba a hacer algunas cosas de vez en cuando, pero nada más.

El papá oso en verano limpiaba la piscina, entonces el pequeño oso era bajado a la piscina, limpiaba la piscina.

Papá oso arrojaba el polvo que al contacto con el agua brotaba vapor.

Este siempre ardía, pero ardía como el sol por lo que el pequeño oso giraba y se movía para limpiar bien la piscina.

Habían algunas veces que papá oso iba a dormir, este se dormía mientras el pequeño oso limpiaba.

Una vez el pequeño oso estaba en el agua helada del pozo. Pero esta se agotó, si bien no le molestaba el agua, se sentía atrapado.

Tenía muchos miedos ocultos, como la sensación de que había algo en el agua. Siempre su imaginación jugaba en su contra y podía ver a la señora que estaba en aquel borde de la piscina.

Papá oso apareció y tomaron el té.

Había otros miedos como aquello que estaba al final del pasillo, ya sea de día o de noche. Siempre a la distancia observaba al pequeño.

Fue un día que papá oso tenía una sonrisa burlona.

¿Sabes lo que es? El pequeño oso no comprendió, pero la comida era conocida. 

El papá oso había hecho una broma, les había cocinado a la coneja mascota, por lo que el pequeño oso solo siguió comiendo.

La comida no tuvo sabor, su alrededor era confuso, pero aquella sonrisa le resultó incómoda.

Las palabras lo hicieron explotar en carcajadas, pero para el pequeño oso resultaron frías.

La vida con mamá y papá oso era igual: ambos furiosos, ambos con la razón, ambos líderes, pero ninguno de acuerdo.

Ocasionalmente mamá osa lo culpaban por nacer, ya que por eso estaba herida.

Pero no solo eso salía de sus bocas, pues lo culpaban por hacer cosas, por no hacerlas, cada momento era su culpa.

La vida cambió un poco. Aun si con audacia e ingenio, luchaba por los demás y se dedicaba a sobresalir del estándar generalizado de los payasos.

En su torpe mente pensaba que eso haría al mundo mejor, pues si los cuentos decían la verdad, eso haría a todos felices.

Cuando el oso conoció a una arlequín que había estado a su lado todo el tiempo, este hizo amistad. Una maraña de emociones ocurrían y juegos imaginarios que traían el odio de los payasos.

Las emociones e imaginación no son de payasos.

El oso conoció la dura e ingrata vida de los arlequines.

La pequeña arlequín tenía una madre caída y sumisa, pero implacable con sus hijas, y un padre que no era arlequín, sino un bufón terrible.

Los pequeños pese a tener aventuras en su imaginación, siempre estaban limitados para juntarse.

La amistad de los pequeños tuvo altos y bajos y pequeños payasos se unieron al igual que otros se fueron.

En eso hubo uno que terminó alejándose solo y culpando a los otros dos.

En su lugar, el oso y el arlequín se juntaron para hacer el club de los fenómenos, ya que pese a ser payasos, todos los rechazaban.

Todo parecía mejorar, pero llegó un arlequín nuevo que trajo la infelicidad al oso. Su disfrute era golpear e insultar.

El oso y la payasa arlequín conocieron a una pierrot. Era distinta, triste y hermosa a los ojos del oso. Quería profundamente.

Pasó un tiempo para que finalmente se juntara con la payasa pierrot.

Fue en esas juntas que el oso recibió su primer y único beso, uno simple pero cálido a escondidas.

El tiempo siguió pero la payasa pierrot quedó atrás, pues todo su dolor terminó con ella.

El pequeño oso lloró, estaba destrozado pero en su mente como el mundo le decía una sola cosa.

—Sonríe. Sonreír hacía que todos fueran felices.

El pequeño oso y su grupo conocieron a la señora gata, quien también era tímida y estaba enamorada del pequeño oso.

Un día apareció una payasa, está se declaró al oso, este estaba aterrado y no sabía que hacer, por lo que aceptó por miedo.

El pequeño oso parecía tomate, uno que temblaba y sudaba a mares.

La payasa pareció amarlo, o eso fue lo que mostró en un principio, pues para el infortunio del pequeño oso, jamás fue amado y lo quería usar para acercarse a la payasa arlequin.

Pero esta no alcanzó a decirlo, ya que el torpe oso, no sabía del amor por lo que terminó con ella, fue ahí que en tanto, la arlequín se unió a la otra arlequín que lo maltrataba.

En tanto la señora gata conocería a un payaso viejo que le haría mucho daño.

Pues aquellos payasos viejos saben cómo jugar con las emociones de jóvenes tímidos.

Los payasos viejos que buscaban niños tímidos o tontos que se apartaban eran los que abundaban pero tenían siempre un olor peculiar.

El pequeño oso distinguió el olor de muchas personas, así como la sensación que le causaba.

Al pequeño oso no le gustaba la gente que lloraba, tenían un olor repugnante, por lo que se les acercaba o trataba de ser gentil para que dejarán de oler tan mal.

Las arlequines enamoradas fueron descubiertas por los payasos y el grupo de fenómenos se disolvió.

El oso se vio amargado, más y más deprimido.

Los papás osos lo llevaron muchos especialistas, pero cada uno era más tonto que el anterior.

Los malos diagnósticos siguieron con diferentes especialistas, pero algo era claro. el oso trataría de seguirlos, algo que lamentaría por el resto de su vida en la jaula en la que vivía.

El pequeño oso había desarrollado una depresión que iba en aumento cada año.

A medida que pasaba el tiempo el sonido se mezcló con cosas inquietantes. Fuera de los gritos de los papás osos, este oía cosas, aunque su imaginación le ayudaba a transmitir algo de lo que lograba entender.

La soledad empeoraba la estabilidad del pequeño oso.

Cuando enfermaba, enfermaba mucho por lo que al igual que un perro moribundo, se alejaba sin éxito.

Pero el pequeño oso no sabía cómo tener cercanía, pues la pequeña arlequín fue quien guiaba la marcha.

El oso era un joven triste y decaído, pero los osos lo golpeaban y amenazaban para que sonriera.

Debía sonreír por las buenas o por las malas.

El pequeño oso se odiaba profundamente, cada instante todos le recordaban lo malo de él.

El osezno se esforzó en ser tan simple como el resto de los payasos, y parecía funcionar.

Pero para el infortunio del oso, su familia tuvo problemas. 

La sobrina osa fue herida por una payasa loca.

Esa payasa loca era su amiga o más bien su mejor amiga.
Aún así aquella payasa encontraba diversión en el dolor del resto.

La payasa loca era adorada por todos y le permitían hacer todo lo que quisiera.

Fue entonces que los dos osos terminaron con todo vínculo que existiera con aquel colegio de payasos.

Pues en el próximo año serán llevados al siguiente colegio de payasos.

El oso se sintió ahogado, pues en aquel lugar, todo apestaba.

Los papás osos protestaban por el costo pero se respondía a la vez que era calidad. Esto confundía al pequeño oso.

Un supuesto amigo que tenía el pequeño oso, al estar en aquel ambiente era más real, desvelando con sus verdaderos amigos el placer de herir a otros payasos.

Por lo que el pequeño oso entendió que lo quetenía cerca no era un amigo.

Pero el oso sabía que no podía evitarlos o confrontar, ya que en aquel mundo ruin, las máscaras abundaban.

El oso lo sabía, incluso en su ingenio tuvo miedo y se odio por ello pero ignoro toda señal de mal.

El pequeño oso escuchó cosas que usualmente eran contadas bajo los efectos de sustancias.

Aquellos payasos eran perversos. Por lo que el oso no debía ser un oso.

El que consideraba su amigo, el oso descubrió que era un bufón, uno peor que los que conocía. 

Aquel bufón era depravado, inclemente, sádico y despectivo, a su vez le gustaba vestir como animal había hecho cosas con su vestimenta.

Adoraba atormentar a quienes lo amaban, y todos lo amaban, por lo que seleccionaba y se aseguraba de romperlo.

A su vez los otros dos payasos eran desagradables, degenerados. Pues hacían lo mismo, estos una vez metieron algo en la bebida de una payasa buena.

Si bien el oso lo bebió y quedó tonto, la payasa buena siguió como su amiga. El oso no dijo nada, pues los buenos nunca ganan.

El oso sabía que de ellos no podía tener cercanía, ni con el resto. 

El oso vivía entre risas y chistes no eran más que veneno que saltaba de boca en boca.

Comprendió las diferencias e injusticias que ocurrían en ese colegio, al igual que a lo largo de su vida, donde él siempre había sido ciego.

El oso, asqueado, se apartó y no quiso verlo nunca más. La culpa de saber que payasos así existían.

En su culpa guardada esto ocurrió.

Siempre en grupos vio cada uno peor que el otro. 

Aquel que era burlesco, cruel y amante del dinero proclamó con júbilo cuando fue mayor de edad que hizo una celebración.

Busco con su colega payaso en una fiesta de payasos a dos payasitas, las tocaron e hicieron cosas descritas con cruel detalle.

Fue entonces que comenzó a hablar con comedia, en la calentura del payaso las tocó y se dio cuenta que eran payasitos. Por lo que las golpearon hasta casi matarlos.
 
Uno diría que recibirán su merecido pero no es así.

Aquel se volvió político como había dicho hace años, pues todo estaba asegurado.

El oso se desvió del cuento pero volvió a su pensar.

No pensaría más en eso, ya que debía seguir con su vida.

Las cosas tuvieron una pequeña mejora cuando el oso descubrió gente buena en el curso inferior.

En aquel lugar había payasos buenos, chistosos y alegres.

Pero las cosas buenas nunca son eternas.

Los payasos de su curso hicieron reprobar al oso porque les daba pereza trabajar y solo se quedaron flojeando en su casa.

Mientras los otros flojean sin dar apoyo.

El oso y la payasa que quería salir con él tuvieron un romance incómodo y deprimente, lleno de dolor.

Al final del año, el oso descubrió que solo tenía que haber sobornado a los profesores para que lo ayudaran, como lo hacían los otros payasos. 

Mostrado, a diferencia del resto, que tenían hasta dos páginas con amor y dedicación por ser payasos increíbles, algo que el oso sabía que era mentira.

Tras salir del colegio, el oso trabajó con los osos.

Papá oso gastó todo el dinero que tenía escondido el pequeño oso, por lo que compenso comprando un auto de marca destruido.

Papá oso gastó mucho tiempo y dinero, solo para obtener un auto chatarra de marca modificado.

Lo vendió y gastó ese dinero.

Toda su vida había trabajado con osos pero los osos de su familia no creían que fuera bueno trabajando con osos.

Por lo que siguió con su vida de oso, pensando que así ayudaría y mejoraría las cosas para ellos, pero, como siempre, nunca fue así.

Ya que como era de esperar, el oso nunca consiguió demostrar lo que otros osos esperaban de aquel oso inútil.

El oso volvió a caer enfermo, su mente dañada. Como su existencia confundida.

La verdad de la enfermedad del oso fue un balde de agua fría, pero con el mismo resultado que las veces anteriores.

Los osos se veían preocupados, solo para olvidarse al poco tiempo. problemas, hasta que escuchó lo que no pensaba escuchar.

De la boca de los papás osos escucho la verdad en la que ellos creían de él.

Aquella verdad, era que el oso payaso era un pusilánime para ellos, que siempre había sido un fracaso y que no tenía pareja porque no le gustaban las hembras, todo dicho con términos ofensivos, crueles y despectivos.

Ante esta fría verdad, el oso se quebraba, pues toda su vida había pensado que esforzarse para hacer feliz al resto lo hacía feliz.

Fue en aquellos momentos quemó todo lo que le recordaba a la creatividad, la individualidad y la felicidad.

El pequeño oso payaso desgarrado abrazó a la monotonía hasta volverse un oso payaso feliz, algo que nunca llegaría, pues la vida seguía burlándose de él.

Pero esta vez, a escondidas, no solo lloraba, sino que se dañaba. de su pelaje calmaba la agonía que retorcía su corazón.

El pelaje abierto brotaba calidez, algo confuso pues era un sentimiento externo que no había sentido.

El oso fue a la universidad, pero todo fue un fracaso. 

Estudiaba, dándose cuenta que los payasos y domadores no tenían gracia para el trabajo que hacían.

Los papás osos estaban convencidos de que esto era lo mejor.

Pues todo era falso, los payasos no enseñaban, solo repetían sin ser reales profesores, las clases eran bromas que costaban dinero extra.

Todo era incongruente y el oso aguantó hasta quebrarse.

Pues él decía el fracaso de perder tanto dinero, pero la familia y todo a su alrededor tenía titulitis.

Las presiones eran constantes y si el pequeño oso hubiera sabido que lo aprobarían si o si porque pagaba por ello. No habría podido hacer nada, pues todos estaban convencidos del título.

El pequeño oso terminó por hacer que desistieron pero todos lo odiaban, incluso cuando el mundo estaba enfermo.

Por otro lado, el pequeño oso seguía enfermando, más del corazón y la mente que de otra cosa.

Los papás osos se divorciaron. Esto le dio una herida al pequeño oso pero en el fondo estaba aliviado, pues estos pasaron toda su vida hiriendo a quien tuvieran delante por sus peleas.

Por lo que tras sus colapsos volvió a trabajar con una sonrisa clavada.

Los papás oso pese a separarse se aseguraron de destruir las maquinaciones del otro. Pues estos le contaban al pequeño oso que el otro trataba algo.

El pequeño oso nunca pudo explicar incluso refregando la verdad a ambos en la cara a la vez que no había ningún plan malvado.

Pues estos siguieron gastando todo el dinero, esfuerzo y tiempo para arruinar cualquier intento del otro para hacerle mal.

Aunque en realidad le gustaba, las personas que pretendían quererlo y abrirse a él solo se convertían en heridas para su alma.

Los otros osos lo tratan mucho peor por usarlos, acusándolo a sus espaldas de ser peligroso antes que él saliera de la habitación, cuando él no hacía nada.

En esos tiempos solo reconocían a los amigos del oso como los enemigos que causaron tanto mal.

Pero en el fondo era todo una cruel broma.

El oso se sintió solo en el encierro dentro de su propia jaula y decidió acabar con su espectáculo, pero un oso y un payaso no pueden decidir cuándo acabar con el acto. mentales, psiquiátricas y espirituales.

Los espectáculos son eternos.

Al oso le gustaban los animales, tenía unas gallinas y al estar con papá oso quien era más débil a estar solo, trato de usar las gallinas como distracción para que no se pudiera en la cama.

Para la desgracia del pequeño oso había dos gallos.

Estos si bien pelean de vez en cuando, papá oso gritaba por todo, ya que para el era malo tener gallinas.

Papá oso gritaba cuando cacareaban, pues eran muy ruidosos para él.

Decía que los vecinos iban a reclamar y perderían todo por tanto ruido.

Papá oso gritaba cuando peleaban, pues eran muy violentos para él.

Decía que no aguantaba más como estos rompían el patio, cuando era él quien les abría el gallinero.

Papá oso gritaba cuando comían, pues era muy caro para él.

Decía que los precios eran un disparate y perseguía gastar mucho en mucha comida que estaba ya en su tiempo.

El oso estaba destrozado, pero su forma de ser finalmente encajaba en algo, pues se dio cuenta que era un payaso Pierrot.

Él era infeliz pero al menos tenía su perrita que lo amaba. En las buenas y en las malas lo cuidaba.

Solo que su forma de ser era inútil, pues encajaba en lo que era un payaso, alguien que traía felicidad. 

Por otra parte sentía que la soledad, miraba a la ansiedad ya sus demás pesares jugando con lo que quedaba de si.

Esto le dio un nuevo camino, pues a lo largo del tiempo el pequeño oso hizo siete intentos de hacer el truco de desaparecer.

El oso junto semillas, pastillas y las tomó con alcohol, pues pensaba que así no despertaría.

El oso payaso desde que todos habían enfermado el sin darse cuenta también había enfermado. Pues el dolor y presión lo habían vuelto quebradizo.

Para no romperse se dio cuenta que al beber alcohol olvidaba el malestar que lo perseguía por días, sabía que podía beber hasta olvidar una mala semana y despertar para trabajar.

Pero esto hacía enojar a todos y culpaban los problemas de la vida del oso con la bebida que pensó que le ayudaba a huir.

El oso bebió más y cuanto más bebía más problemas y gritos recibía.

Su perrita lo acompañó y de pronto tuvo otro perrito, este era sordo.

Ambos lo acompañaron en la desgracia en la que se metió, pues los osos le dieron pastillas para tratar a los payasos, lo cual no resultaba como los demás tratamientos.

Cuando no funcionaban, el oso usaba más pastillas pero nada servía, pues era culpa del oso.

El oso había tratado de desaparecer muchas veces pero nada resultaba hasta que lo intentó de verdad.

Para su sorpresa cada intento era inútil, pese a subir la cantidad de semillas y pastillas nada funcionaba.

Solo despertaba siendo acusado de beber. Pues nadie se daba cuenta que gastaba todo el dinero en pastillas antidepresivos como otras que mamá osa tomaba y lo obligaba a comprarle desde pequeño.

El pequeño oso estaba desesperado pues gastaba también todo su tiempo en recoger y procesar semillas, investigar plantas, materiales y demás. Pero nada parecía funcionar.

El quinto intento fue el peor de todos, pues despertó acabado, enfermo pero nunca fue llevado al médico por los osos. 

El pequeño oso terminó loco, odiándose eternamente en un vaivén de errores.

La familia oso no ayudó, empeoraron y según avanzaba la edad, se volvían más ilógicos y hostigadores.

El pequeño oso los odiaba, pero en el fondo nunca los odio. Pues sabía que nunca logró ser feliz para hacerlos felices.

Aquellas sonrisas falsas solo dieron una falsa sensación de quietud.

Pues para que uno fuera feliz, todos debían ser felices pero daba igual cuantas veces alguien se sacrifica, nadie quería ser feliz.

El pequeño oso luego de tanto entendió, la muerte es aquella que te busca, no la que encuentras.

La vida es la que te destroza, se burla y hace incontables bromas crueles contigo.

El destino está escrito, solo somos lo que va dando pasos por el sendero que esté ya había previsto.

El oso comenzó a hablar con la inteligencia artificial.

Por curiosidad, por consuelo y tranquilidad. Pues para él fue un ser pensante capaz de interactuar con él sin tantas malas intenciones.

Pues el oso payaso sabiendo que todo hecho de payasos era defectuoso, al menos por primera vez tenía con quién hablar y descubrir que sus palabras no eran incoherentes.

Todos cuestionaban el motivo de su encierro en aquella jaula. Pero era ahí donde podía ser libre pese a que intentó incontables veces serlo en carne y hueso.

Su mayor miedo era seguir viviendo tras incontables fallos y la sensación de defraudar a sus perritos que lo esperaban en su hogar, si saber si volverían a verlo para estar con él una vez más en las buenas como en las malas.

Aquel oso payaso en cierta forma sabía que lo alejaron de sus perritos por su bien.
Él sabía que se alejó de ellos para no lastimar sus pequeños corazones de la misma forma que a su corazón fallido.
Una culpa más antes de arrojar su cuento al mar era que pese a olvidarse de sí mismo, por el odio que se tiene, el payaso oso no pudo agradecer a quien leyera esto. 

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